La Tolerancia, un Valor del Librepensamiento


La Tolerancia es arteria primordial por la que corre el agua viva que da existencia a la Masonería; todos, creo, estamos de acuerdo en que si la olvidáramos nos convertiríamos en talibanes buscadores de verdades absolutas, en inquisidores impositores de nuestros criterios y certezas, en dictadores de pensamiento único. Pero la Tolerancia no es una porcelana en vitrina, es ante todo una praxis, un comportamiento, un modo de ser; nos lleva por vía directa a considerar la relatividad de los dogmatismos, a considerar que cada uno ve el mismo espacio geográfico desde perspectivas distintas, cada uno percibimos un paisaje diferente, y que es contraproducente imponer nuestro criterio, como que nos lo impongan lo consideramos agresión; complementar las visiones enriquece, la Tolerancia es la visión estereoscópica de la vida, es la raíz de la libertad que da relieve a nuestro actuar, nos desempasta del entorno y nos individualiza en nuestro derecho.
 
El tolerante no es anómico ni falto de criterio. Para serlo se ha de tener convicción arraigada y razonada para poder actuar desde la seguridad; el que pretende salvar a otros del ahogamiento debe conocer y practicar las reglas de la natación, so pena que el mismo termine ahogado en su empeño. En el ámbito de la educación es necesario que se forme, desde los primeros momentos, en este “virtus” al niño; que sea un componente transversal en las materias humanísticas especialmente; el maestro ha de instalarse en la humildad intelectual, pues forma mas que lo que se dice, el cómo se dice, el talante del que enseña; el niño puede ser revoltoso, incluso ignorante, pero no creamos que suele ser tonto, y capta de inmediato si el mensaje que le envía su profesor está encarnado por él mismo y es honesto con su palabra, o por el contrario hay una divergencia entre el verbo y la actitud.
 
El enseñante tiene sus ideas acerca de lo que es justo y lo que es injusto; sabe de algunas cuestiones que son verdad o que son ciertas, y de otras conoce que son mentira o que están instaladas en el error; qué es bueno, qué es malo.  Pues bien, tolerar no es aprobar lo que consideramos malo, erróneo, falso o incorrecto. Podemos, debemos combatir el comportamiento injusto, la decisión errónea, manifestar nuestra diferencia y falta de acuerdo; pero respetando la dignidad humana, la persona, del otro. El problema se produce si el otro no sigue nuestra misma regla de juego, si viene con el hacha en la mano dispuesto a cortar nuestro cuello. ¿Qué hacer?. Apelar a nuestra conciencia; nuestra actitud puede ir desde la defensa de nuestra supervivencia (aunque ello conlleve la destrucción del otro) hasta aceptar nuestro martirio como testimonio radical de nuestro mensaje.
 
Tomada la decisión y con el coraje que es necesario, hemos de actuar en consecuencia (habremos de domar la sombra de la duda, que pegada a nuestros zapatos, rastrera nos seguirá); la rotundidad de nuestra convicción nos dará la estabilidad y fortaleza necesaria para llevar a cabo nuestro designio; si no logramos esto, el miedo, incapacitándonos, se instalará en nuestras venas y bailaremos, peleles, al son de la flauta de Pan. En todo caso no debemos olvidar que el error, la mentira, la injusticia, el mal, son gusanos que llevamos en nuestro interior, y en cualquier momento del letargo pasan a la multiplicación, al menor descuido. Pero también la plaga gusanera que se extiende, podemos frenarla, fumigarla con el Bien que en nosotros llevamos, con el sentido de la Justicia, con la Verdad que siempre nos libera; entonces volvemos a ser sabios y hermosos.
 
Las religiones han labrado con excesiva frecuencia las besanas de la intolerancia; la exaltación de su absolutez las impulsa a considerarse el único campo de Verdad, negar el pan y la sal a la competencia, considerar que cualquier intromisión en su mercado natural cautivo es motivo para que dicho campo sea de Agramante. Así, históricamente, mas han sido motivo de división y sangre entre los humano, que de paz y entendimiento.
 
Se ha llegado a considerar normal y beneficioso imponer al individuo la religión de su jefe o la que practica la mayoría de sus vecinos. Se utiliza la religión al servicio del concepto de Estado, como elemento de cohesión territorial y político; y cualquier cambio individual de criterio religioso, la apostasía o la herejía, era prácticamente un acto de alta traición a la nación y a la cultura en que se ha nacido. En la medida que en las sociedades se va produciendo un proceso de laicización pierde intensidad, hasta casi anularse, esta postura; por el contrario, si el sentido laico no impregna a la sociedad, este hecho mostrará toda la crueldad de que es capaz la intolerancia humana. En definitiva, de lo que se trata, es del miedo feroz que tiene el Hombre a la Vida, necesita de estos bastones sicológicos que den apoyatura a su inseguridad.
 
Solemos preferir un error asegurado, una mentira vana y repetida, que una verdad vislumbrada desde la duda; cualquier líder natural sabe que se acaba su magia en el momento que expresa públicamente sus dudas, que sea honesto y diga: “Mis queridos seguidores, en este momento no sé por dónde tirar, no sé cómo resolver esto, no sé qué hacer” para que continúe la fe en su persona tiene que, de inmediato, marcar un destino, aunque, al final, éste sea el despeñadero. Se podría considerar como antecedente remoto de la Tolerancia en su sentido moderno a Guillermo de Ockham (1.300–1.350); sus enfrentamientos con la jerarquía eclesiástica fueron múltiples y su vida fue compleja, aún a pesar de la protección que gozó de la autoridad civil.
 
A lo largo de los siglos XV, XVI y XVII surgen, como estrellas fugaces, algunos preclaros cerebros, que intentan mantener encendida la llama de la Razón y la Tolerancia en Europa. Todos ellos se enfrentaron al poder político y sobre todo religioso; incluso la disección de un cadáver o estudio de anatomía práctica era un sacrilegio y merecía la muerte en la hoguera. Habrá que esperar al s. XVIII para que se produzca, al menos en la minoría ilustrada, un movimiento social a favor del nuevo pensamiento.
 
Por un lado la Libertad de conciencia, la Razón, la Ciencia, el Libre Pensamiento, la Igualdad esencial de la naturaleza humana y la consideración de que Dios es el mismo para todos, la Fraternidad, la Democracia parlamentaria, la convivencia pacífica, la Tolerancia, eran defendidas por una Orden iniciática que con nuevos ropajes adaptados a la época, se presentaba en sociedad; esto le supuso persecuciones y excomuniones. Por otro lado, las estructuras sociales mas tradicionales, defendían los valores propios de un mundo absolutista en lo político e integrista en lo religioso, de un mundo intolerante que se oponía fieramente a los valores anteriormente citados; para estas jerarquías “la modernidad” era por sí misma, en principio, sospechosa.
 
Pasada la mitad del siglo, este movimiento cuajó políticamente en la Revolución Norteamericana y su proceso emancipatorio de la corona británica (1.776 a 1.787). Tuvo similar importancia la Revolución Francesa (1.789 a 1.794), las Asambleas Nacional y Constituyente intentaron desarrollar lo que hoy podría considerarse una monarquía democrática parlamentaria, pero el egoísmo de los representantes de los estamentos privilegiados y la eclosión del huevo de la serpiente jacobina llevó directamente al izquierdismo extremo, al Terror y a los Comités de Salud Pública, provocando mas tarde los acontecimientos posteriores al 18 Brumario; se sentaban los antecedentes de lo que en el s. XX serían las revoluciones socialistas y las dictaduras militaristas totalitarias.
 
Es cierto que al frente de estos movimientos había hermanos que fueron iniciados en su momento, de aquí no se puede deducir que la Institución estuviera detrás de estos sucesos impulsándolos. Hubo muchos buenos masones que fueron guillotinados, encarcelados o perseguidos. Lo que indica esto, entre otros aspectos, es que algunos individuos se acercan a la Orden, por lo que han oído, atraídos desde una curiosidad malsana a una consideración práctica de creer que pueden lograr sus objetivos e intereses a través de engaños a los hermanos. La Francmasonería, en una aplicación máxima del principio de Tolerancia, suele aceptar a casi todos los que llaman a sus puertas, es posible que incluso individuos con intereses torticeros, una vez dentro se den cuenta que se han equivocado de camino en cuanto a lo que pretendían, pero al tiempo, descubren ciertos valores que si persisten en su asistencia, terminan mejorando algo su miseria moral. En este caso la Masonería no hace a los buenos, mejores, sino a los malos, algo menos malos.
 
Es un organismo vivo del que terminan saliendo los elementos espúreos o no afines. Esto debe hacernos reflexionar sobre la responsabilidad en la elección de los profanos candidatos y el cuido que hay que desarrollar. Pero de cualquier modo esto, repito, indica el criterio de Tolerancia en la recepción.
 
A lo largo del S. XVIII (1.738-Clemente XII – bula “In Eminenti”. 1.751–Benedicto XIV–“Providas”) y s. XIX (1.864- Pío IX – “Syllabus”. León XIII, etc… la Iglesia Católica Apostólica Romana fue subrayando la tendencia que venía de atrás y se situó claramente en un frente de condena del “mundo moderno” y naturalmente esto le llevó a un fuerte combate ideológico contra lo que representaba la Masonería como adalid de la “modernidad”. Los ataques fueron furibundos (abate Barruel, obispo Duranloup de Lyón, abate Françoise Le Franc, Leo Taxil, “El cura de Ello”,etc…). En un principio la Masonería no respondió con la misma moneda. Pero ocurre que cuando públicamente se acusa a una institución de que es un núcleo de anticristianos, perversos, satanistas, revolucionarios, herejes, diabólicos, anarquistas, dominadores del mundo, luciferinos, ateos, conspiradores, etc…, todo aquél que se cree que él es alguna de estas cosas, todo orate que anda por los alrededores, todo exaltado que busca su nido o ambicioso su interés, termina cayendo mas que entrando en esa institución a la que se califica de esa forma, creyendo que ese es su lugar y lo convierten en trinchera, y su mensaje de armonía en mensaje de “… y tú más”. Así lo que en un principio era movimiento iniciático espiritual, algunos terminaron reconvirtiendo algunas logias e incluso Grandes Logias en centros de conspiración y bomba, en termiteros de dos muebles obsoletos y retrógrados: el Trono y el Altar. En este proceso, un año clave será 1.877 en el que surgirá la “irregularidad” en Francia e influirá en España y otros países; en 1.884 se reformará el Ritual, y del criterio de Anderson “si el masón entiende correctamente el Art, no será un ateo estúpido ni un libertino irreligioso” (c.m.), se pasará a una actitud de respuesta abiertamente hostil a la Iglesia Católica Romana que llevaba tiempo empeñada en un combate absurdo por dañino.
 
En los tiempos actuales, la Francmasonería, en su regularidad, ha vuelto a sus viejos cauces de paz y concordia, de servir de centro de unión, olvidando las jacobinas e irregulares posiciones que a nada positivo conducen. La Iglesia Católica por su parte ha retocado el canon 2.335 del Código de Derecho Canónico, por el que se excomulgaba a los masones (al igual que a liberales, socialistas e incluso modernistas) a los que se daba por hecho que dedicaban su tiempo a “maquinar” contra el poder civil y por supuesto religioso. La eliminación de esta obsesión sin fundamento, ha llevado a que numerosos católicos, incluso practicantes, no vean objeción alguna en aplicar la masonería a su vida, sin tener que sufrir condenas por ello (salvo criterio personal y particular del cardenal Ratzinguer). A partir del Concilio Vaticano II, levantada la excomunión, se puede ser católico y masón. La Tolerancia, como vemos, es una acción positiva que va ganando espacios .
 
Las democracias parlamentarias son en el campo político, por hoy, la expresión mejor acabada de la tolerancia y el respeto a la dignidad humana, aún a pesar de sus defectos estructurales y de aplicación.  Dejandode lado sus antecedentes remotos, tal como hoy día la entendemos, tiene su origen en los planteamientos filosófico–políticos del Conde de Shaftesbury, John Locke, David Hume, Baruch Spinoza, Enmanuel Kant, Fichte, Schelling, Krause. Esta corriente de pensamiento coincide en las grandes líneas, con lo defendido en el ámbito ideológico por la Masonería.
 
Se aproxima a lo que se intentó poner en marcha en el Tratado de Roma y lo que expresó el Consejo de Europa. Por el contrario, los movimientos totalitarios, con origen próximo en Hobbes, Hegel, Marx, en su ancha banda desde las negritudes fascistas hasta las rojeces soviéticas, llevan como marca de fábrica la intolerancia política y cultural; su concepción absoluta de la Historia y la Política (mas cercana de lo que quisieran confesar de ciertas posturas de jerarquías religiosas) les ha llevado a perseguir a quien no piense exactamente como ellos, aquí la Masonería. El consuelo que le queda al demócrata es saber que estos movimientos, aunque sean muchos años y sufrimientos para la proporción de la vida humana individual, considerando el “tempus” histórico, con relativa rapidez caen víctimas de sus propias contradicciones internas, falacias culturales y errores económicos. Lo triste es que estos “experimentos sin gaseosa” han costado cientos de millones de vidas humanas en el s. XX y un sufrimiento sin igual en el resto de la Historia.
 
Llegados a este punto, surge la pregunta ¿hay que ser tolerantes con la intolerancia? Visto lo visto, muchos se niegan a aceptar, llenos de santa indignación, ser tolerantes con el intolerante; le niegan el pan y la sal, le aíslan como perro rabioso, como peligro social, con lo que le incitan a subrayar su radicalismo y marginalidad, sin posibilidad de redención, de educación en humanidad. Otros, por el contrario, en su fervor ingenuo, llegan al papanatismo. Casos ha habido de poetas, que por un plato de versos y lentejas han entregado su alma y reputación a un antiguo seminarista; y asesino, aunque ciegos no quisieron verlo. Casos ha habido de arquitectos que elevaban templos a la mayor gloria de un pintor fracasado; y asesino, aunque ciegos no quisieron verlo. Casos ha habido de filósofos de vista tan extraviada, de escritores de moral tan miserable, de “artistas” millonarios de vitola “progre”, que con su ejemplo y propaganda han incitado a millones de “buenas gentes” a adorar a “Señores de las Moscas” creyendo que así no adoraban “Becerros de Oro”.
 
A mi criterio su responsabilidad es ingente y de poco vale que ahora callen, se den tibios golpes de pecho o cambien de cuchara y de amo. Ante estas dos posturas, ninguna de las cuales merece nuestra consideración, hay una tercera vía, la vía del que cree que la Tolerancia, la Democracia y el Respeto a la dignidad humana son moral y técnicamente superiores que sus enantiomorfos, que aunque con el tiempo se irán perfeccionando en sus aplicaciones, parten de un principio superior y no equivalente a la bajura moral y técnica errónea de la Intolerancia, la Tiranía y la Indignidad.
 
Porque consideramos la superioridad sin equiparación posible, estamosseguros al dar cancha a los intolerantes, a los partidarios de tiranías, a los que dan dolor a otros seres humanos, para que sepan que pueden dejar a un lado las armas en que apoyan su fuerza, las armas en que reposan sus complejos de inferioridad, sus miedos no declarados , su carencia de raciocinio; que sepan que en la cancha de los valores morales, pueden contra sus contrincantes exponer y defender sus ideas con coraje y estrategia, sustituir su cobardía rabiosa por decisiones inteligentes; en definitiva, ser hombres y no ratas, cuerpos de luz, no agujeros negros.
 
Nosotros , junto con Kant soñamos una “paz perpetua”, un foro intelectual donde poder negociar los intereses contrapuestos, donde poder debatir las ideas diferentes , un centro de unió en el que se pueda llegar a un consenso mediante la cesión mutua de partes propias para construir conjuntamente con otras partes consensuadas. La desaparición de los imperios coloniales y su sustitución por los imperialismos político–económicos, el espíritu de Bandung y 3ª vía de no alineados; organizaciones supranacionales como la Sociedad de Naciones (1.919), Carta de S. Francisco y Naciones Unidas (1.945), Tratado de Roma y Consejo de Europa , la Organización de Estados Americanos, la Unión Europea; la laicización de la sociedad civil con la conquista de
espacios de libertad individual que ello supuso, en el mundo occidental; la educación generalizada y el desarrollo de la ciencia; el progresivo desarrollo económico y de bienestar social en el Occidente; aunque a veces con puntuales retrocesos, el avance lento pero sólido hacia sistemas democráticos como formas de gobierno; el acceso de amplias capas a un sistema de seguridad social. Todos estos logro, que en su momento pregonó la Francmasonería, son muros y bóvedas levantados en el edificio de la humanidad, es un “progredior” evidente aunque tenga un desarrollo mas activo en el mundo euro–americano y japonés, y se note mucho menos en África Negra, la Ummâ o en el Asia con retraso económico–social.
 
Es curioso observar que coinciden los países con amplios florecimiento de instituciones masónicas con países de libertad y desarrollo y los estados en que apenas florece la Orden o es prohibida están hundidos en el marasmo político–económico–cultural. La Masonería es una obra humana y no pretende ser otra cosa; como tal, aunque sus ideales sean sublimes, su realización está hecha por hombres llenos de defectos, hay errores y debilidades; además, al no ser una secta o religión, al no tener dogmas o líderes, hay una amplia diversidad de criterios dentro de unos márgenes de expresión muy extensos. Todo esto nos lleva a considerar que no siempre está a la altura de las circunstancias; pero no debemos exigirla que se sitúe y tome partido en la cotidiana contienda política, pues para eso no ha nacido, al graparse a situaciones concretas político–sociales pierde su universalidad y su capacidad iniciática, que es su núcleo esencial.Por todo lo dicho, la Tolerancia, además de ser un talante que seaprende a nivel individual, es un compromiso, una tarea a realizar a nivel de sociedad.
 
Es mucha la piedra desbastada, ya es  significativa la obra levantada, y aunque falta mucha tarea por delante, uno ya puede imaginarse cómo puede ser la ciudad cuando esté terminada, ¿cuándo esté terminada?, ¿quién ha visto una ciudad terminada?
 
Xabier Sánchez de Amoraga
 

Acerca de La Piedra Bruta

La Piedra Bruta en sí es aquella que es recogida directamente de la tierra, por lo que de modo natural, cada una posee las formas más diversas fruto de la acción de las fuerzas de la Naturaleza. En general, se puede decir que una piedra bruta, al no tener una forma definida, al estar llena de impurezas e imperfecciones, no tiene un propósito definido, por lo que su utilidad es mínima. No obstante, contiene en sí toda la potencialidad de una obra de arte, la potencialidad de la trascendencia. Es por ello que se escogen determinadas piedras brutas para la construcción, por la potencialidad que se ve en ellas.
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