La Copa Dulce y La Copa Amarga


El paso que establece la diferencia entre un profano y un masón es el proceso ritual llamado Iniciación masónica.

En la Masonería, la Iniciación consta de una serie de pasos que permiten al candidato comenzar a caminar su sendero, son los primeros pasos, son las primeras instrucciones, las primeras palabras y enseñanzas. Para que esto llegue, primero deberán haberse pasado las pruebas correspondientes.

El ritual que se lleva a cabo permite dejar impactado nuestro subconsciente con una serie de imágenes, símbolos, palabras, acciones, juramentos y sobre todo por la experiencia misma del proceso de Iniciación.

Así, el símbolo podrá hacer concebir, a quien acceda a penetrar su significado profundo, incomparablemente más que todo lo que pueda expresarse directamente. Asimismo es el único medio de transmitir, hasta donde sea posible, todo aquello no expresable que constituye el dominio propio de la iniciación, o el único medio de depositar en germen las concepciones de este orden en el intelecto del iniciado, quien después deberá hacerlas pasar de la potencia al acto, desarrollarlas y elaborarlas por su trabajo personal

Este proceso, según entiendo, pretende grabar en el iniciado mensajes que le permitan actuar de manera distinta y que deberá tener presente a lo largo del tiempo, a lo largo de toda su carrera masónica.

Lo que me parece sumamente importante es que el proceso hay que vivirlo, la verdadera transmisión de lo que pretende el ritual se da sólo al participar en él. Seguramente quienes crearon este ritual que vivimos al ingresar a la masonería, tenían un conocimiento profundo de la naturaleza humana.

Dentro de los ritos de tránsito o pasaje del mundo profano al sagrado, que constituyen la primera parte de la recepción masónica, el que se menciona en estos momentos, La Copa de la Amargura, posee una notable significación simbólica: La denominación misma de “copa sagrada” dada a la que también se llama “de la amargura” o “de las libaciones”, con la que se va a prestar el juramento.

No hay que olvidar que, si la iniciación simbólica, que no es sino la base y el soporte de la iniciación efectiva, es forzosamente la única que puede darse exteriormente, por lo menos puede conservarse y transmitirse incluso por los que no comprenden ni su sentido ni su alcance.

Es suficiente con que los símbolos se conserven intactos para que siempre sean susceptibles de despertar, en quien es capaz de ello, todas aquellas concepciones de las que ellos son la síntesis.

Asimismo es muy significativa la alusión al Hermano “sacrificador”, pues lo que en verdad se está ritualizando es la muerte, abandono o despojamiento de la ilusoria personalidad profana, lo cual, conlleva un “sacrificio” por parte del aspirante, o sea, un “acto sagrado” (sacrum facere), para luego volver a “nacer”.

Ello hace posible el renacimiento a una vida superior. Pero no sin antes enterrar los restos de la vida profana. Y así como el Ave Fénix, volver a una nueva vida a partir de sus cenizas. El Ave Fénix muere abrazado en llamas y de sus propias cenizas renace. Es un símbolo de purificación a través del fuego. Esas cenizas son el material profano del cual nacerá el Masón.

El candidato promete guardar el más absoluto silencio sobre las pruebas a las que fue expuesto y que si su promesa ha sido falsa que la bebida dulce se transforme en amarga. Como sabemos, la copa al convertirse en amarga, hecho que el candidato no espera, lo hace creer que ha prometido en falso y que no podrá ser partícipe de la Orden. La intención de la ceremonia es impactar, conmover al candidato hasta lo más profundo de sus entrañas, para que comprenda que comienza una nueva etapa en su vida, incluso una nueva vida.

Otro aspecto de la Copa de la Amargura en ritual de Iniciación son las palabras del V.:M.: cuando dice:

Bebisteis de la Copa Sagrada, de la buena y mala suerte, que es la copa de la vida humana. Esto os recordará que el Masón debe gozar con frugalidad de los placeres de la vida, sin hacer ostentación del bien que disfruta para no ofender al menos afortunado, teniendo siempre presente que toda satisfacción puede transformarse en un instante en amargo desencanto”.

Estas palabras, la copa dulce que se transforma en amarga, simbolizan las vicisitudes por las que pasa el ser humano. El iniciado interioriza que la vida humana trae aparejada satisfacciones y desencantos, alegrías y tristezas, éxitos y frustraciones, épocas buenas y épocas malas. Sin que siempre ello dependa de él.

Recuerdo ahora algo que he escuchado alguna vez;

¿Cuál es la diferencia entre los Orientales y los Occidentales?:

  • Ambos sabemos que el mundo es redondo.
  • Los Orientales saben que una vez están arriba, otra están abajo.
  • Los Occidentales, cuando estamos abajo queremos subir, cuando estamos arriba creemos que nunca vamos a bajar….

El cáliz de la amargura nos describe muy eficazmente las desilusiones que encuentra quien desciende de las regiones puramente ideales, del Oriente simbólico, para enfrentarse con las realidades materiales. La dulzura inefable de los sublimes conocimientos que se han adquirido, de los planes o programas de actividad que se han formulado en la mente, no puede menos de cambiarse en la amargura que nace cuando todo parece ir en contra de nuestros proyectos y de nuestras aspiraciones.

A veces nos encontramos en situaciones difíciles. Pero el contacto con la realidad no puede evitarse. En este contacto debe demostrarse el valor de las adquisiciones ideales y de la firmeza en la Verdad en la cual se ha establecido: la realidad exterior debe ser transmutada por la influencia de nuestra íntima conciencia, fija en la visión de una Realidad de orden superior o trascendente.

Así pues, lejos de evitar la copa amarga que es ofrecida por la ignorancia de los hombres, el Iniciado debe llevarla a sus labios serenamente, como si fuera la más dulce y confortable de las bebidas. Entonces es cuando el milagro se cumple: la amargura se convierte en dulzura y la visión espiritual triunfa sobre las sombras que se desvanecen.

Por otro lado, no es menos interesante advertir el carácter alquímico de la ceremonia, por la alusión más adelante al “veneno sutil” en que se “convierte” el “efecto saludable”, y ciertamente, al contrario de lo que se afirma en el Dictionnaire de la Franc–Maçonnerie de D. Ligou, esto no constituye solamente una “lección” sino exactamente una “enseñanza iniciática” como es propio de lo que verdaderamente es un símbolo (ver “De la enseñanza iniciática”, cap. XXXI de Apreciaciones…, trad. en SYMBOLOS No. 4).

Alquímicamente la “ciencia de los venenos” es también la “ciencia de los remedios”.

¿Cómo conocer las aguas del vertiginoso caudal ideológico que envuelve a la Iniciación? ¿Las observamos desde la orilla? ¿Tomamos un sorbo del remanso que llega a nuestro lado? ¿Nos mojamos los pies, las manos, la cara y salimos? Ninguna de estas actitudes cumple con las intenciones de esta ceremonia: con la Iniciación el profano debe lanzarse de lleno al medio del caudal. Sentir el frío impactante del eterno misterio y la fuerza arrolladora de su irresistible corriente. Convertirse en el río mismo, transmutarse en su propia esencia. Ingresar de hecho, al ámbito del esoterismo.

Es también interesante la cita de J.-M. Ragon (aunque la ceremonia sea distinta) que aparece en La Symbolique Maçonnique de J. Boucher, Págs. 50–51: “Hermano, el brebaje que os ha sido dado es, por su amargura, un emblema de las aflicciones de la vida y de los obstáculos que preceden a la Iniciación o descubrimiento de la verdad. Que sea para vos un brebaje del Leteo o de olvido con respecto a las falsas máximas extraídas de entre los profanos. El segundo brebaje es puro; lo habéis encontrado más dulce. Que sea un brebaje de Mnemósine o de la memoria para las lecciones que recibiréis de la sabiduría” (Cours Philosophique et interprétatif des Initiations anciennes et modernes, 1841).

La Copa dulce y la Copa Amarga simbolizan también la dualidad, los opuestos, los contrastes, los complementos: Dulce y amargo, noche y día, la Luna y el Sol, luz y tinieblas, el Bien y el Mal, frío y calor, los dos sexos, verdad y error, las columnas de la Logia, el pavimento ajedrezado, la Vida y la Muerte. Son estos opuestos, que se hallan en todos los caminos y en toda las etapas de nuestra existencia, los que el Iniciado, que ha tomado de la Copa de la Amargura, debe enfrentar con ánimo sereno y uniforme, sin cegarse cuando las condiciones son favorables, ni dejarse vencer cuando son contrarias.

La dualidad y los opuestos, que están presentes en todos los órdenes, marcan el mundo de los efectos y la Ley que gobierna toda manifestación. Debemos elevarnos por encima de esta visión dualística de la vida formada por pares opuestos y percibir la realidad trascendente que se esconde bajo la apariencia contradictoria, para llegar a la Verdad, la Armonía y el Equilibrio.

Acerca de La Piedra Bruta

La Piedra Bruta en sí es aquella que es recogida directamente de la tierra, por lo que de modo natural, cada una posee las formas más diversas fruto de la acción de las fuerzas de la Naturaleza. En general, se puede decir que una piedra bruta, al no tener una forma definida, al estar llena de impurezas e imperfecciones, no tiene un propósito definido, por lo que su utilidad es mínima. No obstante, contiene en sí toda la potencialidad de una obra de arte, la potencialidad de la trascendencia. Es por ello que se escogen determinadas piedras brutas para la construcción, por la potencialidad que se ve en ellas.
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