El solsticio de Invierno


Solsticio

Nos encontramos nuevamente reunidos en esta noche con el fin de celebrar otra vez la llegada del Solsticio de Invierno o Noche de San Juan, fecha en la que llegamos al punto en que el Sol parece haber llegado a su punto más bajo en el horizonte, al día más corto y la noche más larga del año, al punto en que pareciera ser que la Oscuridad, el Frío y la Muerte van a apoderarse por fin del Mundo.

Y sin embargo, es entonces precisamente cuando, al contrario, el Sol empieza a partir de entonces a crecer en altura sobre el horizonte, a iluminar cada vez más, a retomar su función de Astro Rey de nuestro sistema planetario, enviando más y más Luz y Calor a la Tierra para permitir que, luego del descanso invernal, la Vida resurja nuevamente en nuestro Mundo, venciendo entonces a esos tres enemigos, Oscuridad, Frío y Muerte, que creían haber podido asesinar al Sol como Señor de la Luz y Padre de la Vida para nuestro Planeta sólo para verse frustrados una y otra vez cada año cuando lo vuelven a intentar. 

Muchas son las connotaciones simbólicas, míticas e históricas que se desprenden de este hecho astronómico perpetuo, y que fueron recogidos por nuestra M.·. Aug.·. Ord.·. a lo largo de su existencia, connotaciones que también el Espíritu Creador del Ser Humano ha plasmado en las diferentes leyendas y los distintos festejos de la antigüedad y de hoy en día relacionados con el simbolismo del Nacimiento del Sol, o de la llegada de la Luz del Mundo que vence a la Muerte y a la Oscuridad. 

Sin embargo, se me ocurre que toda esa riqueza simbólica quedaría estéril o se volvería un mero pasatiempo si no fuese capaz de encarnarse en nuestro ser, y de transformarse en realidades operativas que finalmente se reflejen en nuestros pensamientos, palabras, acciones y actitudes concretas en la vida. 

En este punto, el Solsticio Invernal nos habla de la Victoria de la Luz y, entonces, masónicamente, nos habla de la Victoria de la Luz Masónica sobre las Tinieblas, lo que en primer lugar, nos recuerda nuestra Ceremonia de Iniciación, donde se nos otorgó la Verdadera Luz para que fuésemos capaces de formarnos como Obreros del Bien y de la Verdad, y superar las Tinieblas de la Ignorancia, luchando así, como dice el Rito de la Casa, contra (y cito textual) “el error, el egoismo y el vicio; el mal en todas sus formas; todo lo que oscurece la inteligencia, pervierte el sentimiento y esclaviza la voluntad”.

Ahora bien, dado que la labor del Apr.·. (y de todo M.·. como eterno Apr.·.) es labrar la Piedra Bruta de su propia imperfección, la primera lucha es contra sus propias Tinieblas interiores, contra sus propios vicios, fanatismos, pasiones e ignorancias, en un permanente rectificar, pulir, verificar y volver a cincelar.

Sin embargo, no somos seres encerrados en nosotros mismos, y el principio de Frat.·. nos lleva a solidarizarnos con el medio y las personas con las que convivimos, por lo que entonces, toda labor sobre nosotros mismos parecería quedar incompleta si no abarcase también ese aspecto nuestro que incluye nuestra relación con los demás, y esa es la dimensión social y fraterna de la Labor Masónica.

Es entonces que el simbolismo del Solsticio adquiere también una dimensión social fecunda, invitándonos a no absorber la Luz Masónica en nuestro interior como agujeros negros, sino a ser Soles de Verdad y Rectitud que iluminen el Mundo en que nos toque movernos con los Altos Ideales de la Orden y luchen de ese modo contra las Tinieblas del Error y contra todo lo que impida que el Espíritu Humano pueda realizarse en la Plenitud del Bien y de su Infinito Potencial, sabiendo que cada vez que las Tinieblas parezcan estar ganando, siempre podremos encontrar en nosotros mismos esa Luz Masónica que nos hará capaces de resurgir, como el Sol en este Solsticio, para revivir el Mundo y que éste se vaya realizando cada vez mas en Verdad, Rectitud, Justicia y Amor.

Acerca de La Piedra Bruta

La Piedra Bruta en sí es aquella que es recogida directamente de la tierra, por lo que de modo natural, cada una posee las formas más diversas fruto de la acción de las fuerzas de la Naturaleza. En general, se puede decir que una piedra bruta, al no tener una forma definida, al estar llena de impurezas e imperfecciones, no tiene un propósito definido, por lo que su utilidad es mínima. No obstante, contiene en sí toda la potencialidad de una obra de arte, la potencialidad de la trascendencia. Es por ello que se escogen determinadas piedras brutas para la construcción, por la potencialidad que se ve en ellas.
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