Rito Francés, la más antigua tradición de la Masonería especulativa


 
 
Hay que tomar conciencia de que el Rito Francés sólo se llama así después de cierto tiempo. En primer lugar, la expresión “Rito Francés” aparece muy raramente en los documentos de los veinte últimos años del siglo XVIII, y realmente comienza a aparecer a comienzos del siglo XIX. ¿Por qué?

Pues bien, simplemente porque hasta esa época, en Francia, sólo existe una única masonería. ¿Por qué se presenta la necesidad, a comienzos del siglo XIX, de decir que hay un Rito Francés? Simplemente porque al lado aparecen otras cosas; por ejemplo, el Rito Escocés Rectificado; por ejemplo, el Rito Escocés filosófico; por ejemplo, a primeros del siglo XIX, el Rito de Mizraín y más tarde el Rito de Menfis. Fue, pues, para distinguirse de los nuevos ritos (y no hablo del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, aparecido muy tardíamente, en 1804), en Francia en todo caso, por lo que el Rito Francés tomó este nombre.

De manera que esta es la primera noción que hay que tener en cuenta. El Rito Francés es la tradición indivisa de la masonería francesa durante todo el siglo XVIII. Los Hermanos, en el siglo XVIII, no se preocupaban por saber en qué rito se trabajaba en su Logia. Era la Masonería. Y masonería es el nombre, desde finales del siglo XVIII, del Rito Francés. Esto es lo primero. Pero a continuación hay que ir aún más lejos.

Veremos en unos instantes cómo se le puede definir históricamente. En realidad es el resultado del injerto en tierra francesa de la Masonería de origen inglés. La Masonería especulativa nació en Inglaterra, únicamente en Inglaterra, nada más que en Inglaterra, y en ninguna otra parte.

Así pues, ¿qué ocurrió hacia 1725, cuando aparecía la Masonería en Francia? Son británicos, y digo a propósito británicos porque hay ingleses, escoceses e incluso irlandeses que vienen a instalar la Masonería en Francia. Su motivación no son las ganas de transmitir la Masonería a Francia, sino que, más bien, se ven obligados a huir de Inglaterra en razón de un conflicto dinástico y religioso. Porque en su mayoría son jacobitas, y otros hannoverianos. Durante alrededor de cuarenta años no cesarán de ir y venir a una parte y otra de lo que llamamos la Mancha y los ingleses llaman el British Channel.

¿Y entonces, qué hacen en París? Hacen su masonería, la masonería que conocen, la masonería inglesa. Además, los franceses no eran bienvenidos, ya que uno de los primeros que ejercieron las funciones de Gran Maestro, el conde de Derwentwater, dijo: “Escuchad, estamos en París, no lo hemos elegido, pero sobre todo no admitamos jamás franceses. Porque si se admite a franceses en masonería, será el final de todo”. Finalmente, admitieron franceses y no fue el final de todo, esto fue el principio de los problemas. Cuando se examinan los textos de la época hasta 1751, se percibe algo muy simple que es necesario recordar. Hasta 1751, no hay absolutamente ninguna diferencia entre el ritual masónico inglés y el ritual masónico francés. Es el mismo. De manera que cuando se nos dice que hay una tradición masónica inglesa, yo digo, usando la expresión de un arzobispo de finales del siglo XIX que dijo que Francia es la hija mayor de la Iglesia: Francia es también la hija mayor de la masonería. O sea, que la tradición masónica inicial de la masonería especulativa se forjó en los cincuenta primeros años del siglo XVIII a partir de un conjunto de rituales que eran únicos, comunes a Inglaterra y a Francia.

Ahora bien, el problema en Inglaterra –esto es muy interesante- es que en 1751 se da un acontecimiento fundamental para la historia de la masonería inglesa: la aparición de una segunda Gran Logia. Una segunda Gran Logia rival de la primera y que se autoproclamará Gran Logia de los Antiguos. El conflicto entre ambas durará sesenta años. En 1813, ambas Grandes Logias se fusionan en la actual Gran Logia, llamada Unida por la unión de las dos Grandes Logias de Inglaterra. Desarrollarán un ritual llamado de unión. Ahora bien, por complejas razones que no examinaremos hoy, cuando ponen a punto el ritual de unión, es el ritual de los “antiguos” el que, en lo esencial, prevalece. En muchos puntos, no en todos. De suerte que ¿dónde queda la tradición masónica inglesa inicial a partir de este momento? No está presente en Inglaterra, ya sólo está presente en el Rito Francés, que es su heredero directo.

Hay que comprender bien esto. Ya no existe en Inglaterra la tradición del Rito Francés, herencia de la primera masonería especulativa franco-inglesa. Dicha tradición encuentra su filiación y su refugio en el Rito Francés. El Rito Francés tiene, pues, una responsabilidad enorme, puesto que a través de este rito se vehiculan las más antiguas tradiciones de la Francmasonería especulativa.

Para continuar en este punto con los orígenes históricos y tradicionales, me gustaría insistir en dos aspectos:

El primero es que no existe un ritual de referencia del Rito Francés en el siglo XVIII. Porque en el siglo XVIII no hay rituales de referencia de ningún rito. En aquella época, no estaba del todo fijado el ritual masónico tal como nosotros lo entendemos, es decir, un texto dactilografiado que se sigue fielmente línea a línea, todo él escrito. El ritual del que dispone un Venerable de la época es corto, no puede ser extenso porque no hay fotocopiadoras ni máquinas de escribir, ni mucho menos ordenadores, y todo hay que copiarlo a mano. Se preocupan porque sea lo más corto posible. ¿Qué tiene ante sus ojos un Venerable de 1750? Conservamos algunos ejemplares. Se trata generalmente de folletitos. Por ejemplo, para abrir la Logia el ritual dice: “en Logia, Hermanos míos”. A continuación, el Venerable hace algunas preguntas y respuestas del catecismo masónico. Escogidas, pues, de la instrucción, algunas preguntas y respuestas, después el Venerable dirá: “Hermanos míos, la Logia está abierta”. Eso es todo. Ritual de apertura de 1745. Se podrían multiplicar los ejemplos. Lo que se ve es que, a medida que pasa el tiempo, se da una tendencia a escribir los textos de manera más precisa. Hay, pues, una tendencia a hacerlos cada vez más extensos. El primer ritual que se conoce, de iniciación al grado de Aprendiz-Compañero –se llamaba así, pues se recibía conjuntamente en el mismo acto, la misma tarde, los grados de Aprendiz y Compañero- es la famosa divulgación del teniente de la policía René Hérault, la “Recepción de un francmasón”, en 1737.

Un día nos entretuvimos escenificándolo y cronometrándolo. Nos dimos cuenta entonces de que apertura y cierre de la Logia, incluyendo la recepción Aprendiz-Compañero, todo unido, en París en 1737, requería alrededor de veinte minutos, yendo tranquilitos. Aparte, al candidato se le ha dejado una hora entregado a sus reflexiones. Si se cuenta esta hora en la ceremonia, pero creo que no llegaba a la hora, más veinte minutos para abrir, cerrar y realizar la ceremonia de Aprendiz-Compañero, era algo breve. Pero hay que aclarar que después se celebraban los ágapes, que duraban de tres a cuatro horas. Eran manifiestamente la parte más importante de la ceremonia en aquella época. Creo que es muy importante insistir en esto. El Rito Francés hereda las tradiciones masónicas más antiguas de la masonería especulativa franco-inglesa de comienzos del siglo XVIII, y es un rito no fijado verbatim. Incluso si, por razones administrativas, cada vez se tiende más a fijarlo por escrito.

Lo único que se puede decir es que hay un medio de identificar el Rito Francés. El medio para identificar el Rito Francés es mirar los puntos comunes, el núcleo constante de todos los rituales que se conocían antes de 1750. Cuando se hace esto, sabéis, es como si se pusieran unas transparencias sobre otras. Se acaba viendo todo lo que está superpuesto. Todo lo que se superpone es la estructura de base. Pienso que para definir el Rito Francés es mejor razonar así, en estructura simbólica fundamental. Y así hay cosas que quedan absolutamente claras. Podemos enumerarlas rápidamente. Hay un Venerable en Oriente y dos Vigilantes en Occidente. Esta es la primera estructura fundamental de la primera Gran Logia de Londres. Tres candeleros dispuestos así, por supuesto. La otra disposición de los candeleros, llamada disposición escocesa, no aparece en Francia sino hasta 1760 o 1770 como muy pronto, y tiene una significación totalmente diferente, incluso si se dice que 1751, en la logia madre escocesa de Marsella, ya se daba. Pero no se puede afirmar, puesto que no hay rituales originales. Finalmente, el cuadro en el centro de la Logia y, por supuesto, el orden J y B de las palabras sagradas.

Con estos elementos tenemos ya la decoración del ritual, los fundamentos del Rito Francés. Más tarde, para las ceremonias, esto comienza a hacerse algo más complicado, porque al comienzo son muy simples. Volvamos a la iniciación Aprendiz-Compañero del teniente de policía René Hérault: el candidato tiene los ojos vendados, llama tres veces a la puerta de la Logia. Se le recibe, se le hacen dar tres vueltas a la Logia sin decirle nada, sin darle lección alguna, sin hacerle ninguna pregunta. Durante este tiempo, los Hermanos hacen ruido y echan colofonia en las velas para que salten chispas, estallidos y así asustar al candidato. Luego, el candidato va al Oriente y presta su obligación como Aprendiz. De nuevo se le hacen dar tres vueltas y ya es Compañero.

Esta es la estructura del Rito Francés. Vemos cómo a partir de aquí, todo lo demás es, de alguna manera, una especie de explicación de un contenido fundamental claramente implícito. Basta con que esta explicación sea conforme a las tradiciones fundadoras del Rito Francés, es decir, que se sitúe en cierta perspectiva cristiana abierta y ecuménica. No olvidemos que los orígenes son ingleses. Es decir, de un país protestante que, desde finales del siglo XVII, estableció una paz civil sobre la base de una tolerancia de todas las confesiones cristianas. Por consiguiente, un cristianismo abierto y –podría decirse- no confesional.

Nos referimos a una época de la historia masónica en la que la vida masónica no estaba regulada por textos administrativos visados por una autoridad central. Esta no existía. Por otra parte, Louis de Clermont, Gran Maestro de 1743 a 1771, jamás se llamó Gran Maestro de la Gran Logia de Francia. La Obediencia se llamaba Gran Logia de Francia, Louis de Clermont era llamado Gran Maestro de todas las Logias regulares del reino, lo que en absoluto significa lo mismo. Lo único que se pedía a la Gran Logia era que enviara un diploma que dijera: tenéis derecho a trabajar. Y no se preocupaban en absoluto de lo que las Logias pudieran hacer.

Así pues, la imagen de la Francia del antiguo régimen, aún más, de la historia de una institución singular como la masonería, jamás debe separarse de la historia general, y en esto pecan algunos historiadores de la masonería, al considerar que la masonería está como en una burbuja. Por el contrario, la masonería se inserta en una vida social, en una historia social. ¿Y cuál es la historia del antiguo régimen? La de la descentralización hasta la atomización, nadie es responsable de nada y todo el mundo es responsable de todo. El poder central prácticamente no existe. Pues bien, la masonería se ajusta a esta imagen. Por supuesto, esta forma de trabajar está llena de inconvenientes.

Pero lo que es interesante en el Rito Francés es que, justamente, tiene esta imagen de libertad. Se refiere a un momento de la masonería en el que no se va a hundir la bóveda celeste porque se cambie una coma del ritual, pero en el que hay una estructura fundamental. Y alrededor de esta estructura fundamental hay un margen de variación que depende de una tradición local, de una visión en un momento dado de lo que puede ser la masonería. Es precisamente en esta posibilidad de variación alrededor de una estructura donde creo que reside la riqueza, el dinamismo, la vida del Rito Francés.

Concluyo. Es muy importante que conservemos esta idea porque, no lo olvidemos, a través del Rito Francés somos los últimos depositarios de la más antigua tradición de la masonería especulativa.

Acerca de La Piedra Bruta

La Piedra Bruta en sí es aquella que es recogida directamente de la tierra, por lo que de modo natural, cada una posee las formas más diversas fruto de la acción de las fuerzas de la Naturaleza. En general, se puede decir que una piedra bruta, al no tener una forma definida, al estar llena de impurezas e imperfecciones, no tiene un propósito definido, por lo que su utilidad es mínima. No obstante, contiene en sí toda la potencialidad de una obra de arte, la potencialidad de la trascendencia. Es por ello que se escogen determinadas piedras brutas para la construcción, por la potencialidad que se ve en ellas.
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