La Leyenda de Hiram


Hiram: Vida Elevada
Abif: Padre mío
Hijo de la Viuda: Hijo de la Naturaleza, Madre Universal de todos los seres

La palabra Hiram en árabe significa (lo que no se debe de enseñar a los desconocidos)

Significado Astronómico:

Estando las obras por terminarse (la construcción del Templo de Salomón), es decir, habiendo recorrido el Sol las tres cuartas partes de su curso anual, tres malos compañeros, que son los tres meses de Invierno, conspiraron contra la existencia del Maestro Hiram Abif. Para consumar su atentado, se ubicaron en las tres puestas del templo, situadas al Mediodía, al Occidente y al Oriente, o sea los tres puntos del Cielo por donde se deja ver el Sol. ¿Y a donde se va a colocar HOBBEN? A la puerta de Oriente, es decir, en el punto por donde el Sol aparece sobre el horizonte (OBEN); Steke se coloca en la puerta del Mediodía, en el sitio en donde el Sol está con toda su fuerza (STREKE); finalmente (AUSTERFLUTH); se sitúa en la de Occidente, que es en donde el Sol termina su marcha aparente, en donde toca a fin de su curso (AUS DER FLUCHT); y en el momento en que HIRAM habiendo acabado su plegaria, se presenta a la puerta del Mediodía, uno de los tres compañeros le exige la palabra sagrada que HIRAM no podía revelar, la palabra que representa la Vida. Habiendo rehusado darla, recibe en el instante un golpe en la nuca con una Regla de 24 pulgadas, número igual al de las horas del día o sea de la revolución diaria. HIRAM cree poder huir por la puerta de Occidente, pero allí se encuentra con el segundo compañero, que viendo que se negaba a darle la palabra, le hiere el corazón con una Escuadra. Que representa el paso sobre la línea solsticial. Por último creyendo poder huir por la puerta de Oriente se presenta en ella y allí el tercer compañero, después de pedirle en vano, al igual que sus cómplices, la palabra, le asesta un terrible martillazo en la frente, tendiéndole por muerto a sus pies. La forma cilíndrica de este instrumento, configura el complemento total del círculo anual. Representa la rigidez destructora de la temperatura, el Mallete que da el golpe de gracia. Así muere el año simbólicamente para renacer a la nueva Vida, con los meses de la Primavera, del Verano y del Otoño. Así igualmente desaparece el Sol, en Occidente, bajo del golpes de sus trés últimas horas, siendo buscado en la obscuridad de la noche por las nueve horas que preceden a su nuevo alborear.

Consumado el delito, se apresuraron los arrepentidos compañero a lavar las huellas de su crimen y ocultaron el cadáver debajo de un montón de escombros, imagen de las lluvias, de los hielos y en general de la tristeza que inspira el mundo la llegada del Invierno, transportándole después a la cumbre de una colina cercana al lugar de la construcción, en donde lo  enterraron. Salomón ansioso por la desaparición de HIRAM, manda a nueve compañeros en su busca, que representan los nueve meses del año que comprenden las demás estaciones del año. Llegados a la cumbre de la colina, descubren el cadáver, y para reconocer el sitio, plantan sobre la fosa en que yacía, un ramo de Acacia, que los antiguos Arabes con el nombre de HUZZA, habían consagrado al Sol. Esta planta, era también el Mirto, de los Griegos y el Muérdago de los Druídas. Por último exhumado el cadáver, la palabra fué reencontrada, lo que alude evidentemente al renacimiento del Sol.

Tal es la alegoría del grado de Maestro, que como se vé se halla íntimamente relacionada con todos los mitos solares de la antigüedad. En todos ellos, la víctima que se inmola es un hombre virtuoso, un bienhechor de la humanidad; en todos domina el mismo pensamiento oculto bajo el velo del más ingenioso simbolismo.

Significado Filosófico:

Esta interpretación nos aproxima al significado Místico individual que tiene la leyenda para cada Maestro Masón, razón por la cual ha de representar su parte, sucumbiendo a su vez, como el mismo Hiram o como Osiris en los antiguos Misterios Egipcios, bajo los golpes simbólicos de los tres enemigos, a los que igualmente hemos de buscar dentro de nosotros mismos. Hiram es pues, en nosotros y para nosotros esencialmente el ideal o la Inspiración hacia una vida más elevada, que se encuentra continuamente amenazada por la ignorancia, el fanatismo y la ambición que nos dominan e impiden nuestro progreso. Cuando este principio rige en la conciencia y dirige nuestros pensamientos y acciones, el Templo de la Vida individual se levanta a la Gloria del Divino Arquitecto, expresando su Sabiduría, su Fuerza y su Amor.

Pero, nuestras más bajas tendencias, nuestros instintos y pasiones egoístas, pueden conjurar en contra de este principio y oscurecerlo; así se verifica en nosotros la simbólica “Muerte de Hiram”, la muerte del exaltado ideal que dirigía sabia e inteligentemente nuestra vida hacia un fin superior. Entonces los trabajos “se suspenden” en señal de duelo, pues ha desaparecido, con su ideal elevado, la razón más verdadera de nuestra vida. Y nuestras mejores intenciones (los nueve maestros elegidos) se mueven en su búsqueda, hasta que logran encontrarlo, después de una larga peregrinación en regiones distintas de nuestros habituales pensamientos. Y sobre él buscan la palabra (la verdadera palabra de la vida). Expresión del Verbo divino o sea el mismo ideal que tiene el poder de levantarnos nuevamente de la muerte y de la resurrección.

Sin embargo, aquí no se acaba el sentido Místico y Paligenésico de la Leyenda, que es todavía más profundo, relacionándose directamente con el triple Misterio de la Vida, de la Muerte y de la Resurrección. Debe, pues subrayarse el hecho fundamental de que en la ceremonia de la exaltación (como en los demás misterios) el recipendario ha de identificarse con el protagonista del mito o leyenda, sufriendo como él la muerte simbólica a la que sigue una resurrección e exaltación. A este respecto no hay diferencia esencial entre la Muerte simbólica que, a semejanza de HIRAM, tiene que sufrir en la Masonería el candidato a la Maestría, y aquella por la que tenían que pasar los candidatos en los Misterios de Osiris y otros. Lo mismo debe decirse de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, esencia de los Misterios Cristianos y punto culminante de todo misticismo, dentro de la misma religión.

Siempre el candidato debe morir para renacer; para “nacer otra vez de Agua y espíritu”, como lo explica el cap. III del Ev:. de San Juan, pues “el que no naciere otra vez no puede ver el Reino de Dios”. Es la muerte del hombre viejo, la muerte del iniciado a sus errores, vicios, pasiones y tendencias negativas, para que nazca en nosotros el hombre nuevo, el “niño sabio”, en la luz de la Verdad y en la práctica de la Virtud; la muerte del hombre esclavo de sus malas costumbres, para el nacimiento del hombre libre por su propia rectitud y hábitos constructivos. La muerte de la persona atada con el sentido de su separación egoísta al pecado original de la ilusión, que es fuente de todos los males, y el renacimiento de la individualidad con el principio uno de la vida, manantial y realidad de todo bien. En otras palabras, nuestra muerte personal en Adán, el hombre natural (víctima y esclavo de su propia ilusión), y nuestra redención y resurrección individual en Jesús (el Magister) o sea el hombre que se ha librado por completo del dominio del mal y de la ilusión.

Significado Moral:

La Redención del poder de la ilusión se consigue por medio de la Regeneración o “Nuevo nacimiento” simbolizado en el final de la ceremonia de la exaltación al grado de maestro.

Esta regeneración es, en el simbolismo masónico, la victoria sobre los tres enemigos naturales del hombre (sus tres malos Compañeros) que personifican la Ignorancia, o ceguera mental, el Fanatismo o sea la Pasión y la Ambición, originada por el Egoísmo que son los que matan efectivamente, en cuanto producen en él aquel “sentido de separación” que lo aparta de la percepción de la Vida Una, eterna e indestructible e inmortal del espíritu. Estos tres enemigos esconden el cadáver (la apariencia muerta de la individualidad, principio elevador y arquitecto iluminado de vida personal, “bajo del escombros del Templo” de la misma vida, para sepultarlo después en la noche del olvido; y se esconden en una cueva situada al Occidente, es decir, en nuestra propia personalidad. allí es preciso descubrirlos y reconocerlos por tales y entonces desaparecen sin dejar huella alguna. Regresando de este descubrimiento, es cuando podemos encontrar nuevamente nuestro Ideal sepultado, y reconocerlo después y levantarlo con la ayuda de nuestras facultades superiores (los nueve maestros) inspirados por Salomón, el principio central directivo de la inteligencia).

Para que este levantamiento y resurrección sean efectivos se necesita el concurso de tres facultades fundamentales asistidas por las demás: la Fé, la Esperanza y el Amor, que tienen que dominar y guiar al hombre, en vez de la Ignorancia, el Fanatismo y la Ambición. Venciéndose individualmente a la Ignorancia por medio de la Inteligencia y el Conocimiento de lo Real se alcanza la Fé iluminada y positiva; la que expresa la Palabra Sagrada del primer grado. Esta Fé es la que debe triunfar de la aparente división o separación entre la carne y los huesos, o sea entre la causa y el efecto, entre la forma exterior, y la Vida interior que lo anima.

Con la victoria sobre el Fanatismo, emblema de todas las pasiones, por medio de la Comprensión y Tolerancia, nos establecemos más firmemente sobre la Esperanza (la Palabra Sagrada del segundo grado) y en esta actitud nos sobreponemos sobre toda putrefacción exterior, que no tiene poder sobre el Ideal establecido en nuestra conciencia.

Sin embargo, estas facultades aisladas no pueden cumplir el milagro del despertar de la Muerte a la Vida, si con ellas no se junta el Amor, la secreta palabra del magisterio.

Así como los dos primeros maestros fracasan en su intento de levantar el cuerpo de HIRAM con los toques y palabras de los dos primeros grados, y pronuncian desalentados las palabras que demuestran la decepción de la Fe y de la Esperanza, sustituyendo la verdadera palabra del tercer grado, estas facultades serían sin poder, como el mismo cadáver que se esfuerzan en levantar, sin el impulso y el aliento vital que solo puede darnos la tercera.

Acerca de La Piedra Bruta

La Piedra Bruta en sí es aquella que es recogida directamente de la tierra, por lo que de modo natural, cada una posee las formas más diversas fruto de la acción de las fuerzas de la Naturaleza. En general, se puede decir que una piedra bruta, al no tener una forma definida, al estar llena de impurezas e imperfecciones, no tiene un propósito definido, por lo que su utilidad es mínima. No obstante, contiene en sí toda la potencialidad de una obra de arte, la potencialidad de la trascendencia. Es por ello que se escogen determinadas piedras brutas para la construcción, por la potencialidad que se ve en ellas.
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