¿Qué es un Dogma?


Según el diccionario: “dogma” viene del latín y del griego, y significa: parecer, decisión. También se define como fundamento o punto capital de todo sistema, ciencia, doctrina o religión. En una religión, concretamente, es algo que se asienta como una verdad fundamental e irrefutable, porque se ha recibido por revelación divina.

Si vulgarmente tenemos al dogma como algo en lo que creemos sin necesidad de demostración alguna, y que incluso y por ello, lo usamos como punto de apoyo; vemos que toda aquél que ingresa en la Masonería, sea por conseguir el grado de desarrollo espiritual que pueda alcanzar, sea por ser simplemente mejor persona o por esa obsesión generalizada de querer mejorar el mundo, su fe en la Masonería como medio para tal fin, ya constituye un dogma.

Cuando una persona se enamora de otra, nunca sabrá a ciencia cierta si esa otra persona le quiere. Creerá que sí por su comportamiento, pero jamás podrá demostrar razonada ni científicamente, que, con toda seguridad le quiere; sin embargo se casa con ella con la intención de compartir el resto de su vida juntos. Esto es un dogma de fe en toda regla.

Cuando alguien monta cualquier tipo de negocio, jamás podrá demostrar con absoluta seguridad y a ciencia cierta, que saldrá bien; sin embargo se lanza y sigue adelante, lo que constituye una acción plenamente dogmática, pues es su fe lo que le hace arriesgarse a tal operación.

Como vemos, muchas de nuestras actitudes cotidianas, las llevamos a cabo sin la plenitud absoluta de un resultado cierto, y sin embargo seguimos adelante. Si la cosa sale bien, estupendo y, sin no sale bien, intentamos corregirla o abandonar dicha actitud.

Sin embargo solemos calificar de “dogma” tan solo aquellas creencias de algo que habitualmente parece imposible y no abarcamos con nuestra razón, porque la experiencia nos dice que no. La Virginidad de María, por la vía de la estadística y experiencia humanas, está fuera de lugar, pues no podemos hacer comprender a nuestra razón, que una mujer, físicamente, puede concebir y dar a luz a un hijo y seguir virgen, es decir, con el himen intacto. Tal creencia constituye un enorme dogma de fe, pues los elementos indicativos del acercamiento a la certeza, son mucho menores (por no decir nulos, bajo el aspecto de la estadística y la razón) que el hecho de creer que alguien que me está mimando y cuidando todo el día, me quiere.

La creencia en Dios, en un ser que no vemos con la vista, ni oímos con el oído, ni olemos con el olfato, ni palpamos con el tacto, ni saboreamos con la boca, es otro enorme dogma de fe. Lo que hace que, si limitamos nuestra creencias exclusivamente a lo que abarcan nuestros sentidos físicos, es decir que si creemos sólo en lo físico, la creencia en Dios o en la virginidad de María, se nos hacen arto difíciles.

Esto es lo que nos pide el exoterismo. Creer en hechos tales, aunque no entren en nuestra comprensión; y por ello les llama “Misterios” (cosa incomprensible o inaccesible a la razón, según el diccionario).

¿Y accedemos a ello?

Si nos limitamos a lo meramente físico, no, evidentemente.

Pero la pregunta sería: ¿Creemos sólo en lo físico o creemos en algo más?

Cuando así ocurre -creer en algo más allá de lo físico- nos estamos adentrando, consciente o inconscientemente, en lo “metafisico”, que, según la definición aristotélica -por acogernos a una de las más aceptadas socialmente-, es aquello que está más allá de la Naturaleza.

Quien tenga esas creencias, acepta los Misterios del exoterismo y los cree aun sin comprenderlos, y a eso se le llama comúnmente “dogma de fe”.

¿Es interesante o conveniente creer en los dogmas del fe del exoterismo?

La respuesta correcta para una Orden iniciática, sería un “sí” rotundo; pues como ya sabemos los que intentamos progresar en ella, los tres requisitos para entrar en Iniciación, son:

1) Tener las cualificaciones para ello (las aplomaciones, en Masonería, se encargan de comprobarlo).

2) Practicar un exoterismo, y

3) Recibir una influencia espiritual (que se recibe en Rito de Iniciación, en Masonería, concretamente, en el momento de la imposición de la espada en cabeza).

El segundo requisito (practicar un exoterismo), implica aceptar los dogmas de fe; es decir aceptar algo sin llegar a entenderlo por la razón.

¿Y porque debemos aceptar los dogmas de fe del exoterismo?

Pues porque la Iniciación no es más que la entrada en los “Misterios”, ¿y cómo podemos entrar en los “Misterios”, si no los conociéramos por el exoterismo? La verdad, no sabríamos donde entrar; con lo cual la Iniciación habría perdido toda razón de ser.

El exoterismo nos dice que todo Avatar (auto-limitación divina en una de sus creaturas) nace de Virgen. Y la Iniciación, nos dice por qué nace de virgen.

El exoterismo nos dice que Dios son tres Personas en una sola. Y la Iniciación, nos dice qué es ese “Tres en Uno”, propio de varias Tradiciones Sagradas.

El exoterismo nos dice que; “en el Principio creó Dios los Cielos y la Tierra”. Y la Iniciación nos dice porque fue así.

El exoterismo, en la Iglesia Católica, nos dice que el Papa es infalible. Y la Iniciación nos dice como se alcanza la infalibilidad espiritual.

De ahí que todo iniciado califique a los dogmas de fe exotéricos de las Tradiciones Sagradas, no de necesarios, sino de imprescindibles, pues constituyen la base para entrar en los “Misterios”, es decir, el punto de partida de la realización espiritual. Por lo que se deduce que, su ausencia, sería como cortarle la hierba de debajo de los pies a las vías iniciáticas. ¿En que Misterio se apoyarían para poder profundizar? ¿Dónde estarían los Misterios de los Maestros Masones? O lo que es peor: ¿Qué sería de los Maestros Masones si no hubieran Misterios? Simple y llanamente: sin Misteros, no hay Iniciación posible. O dicho de una forma más acorde con el título de este Trabajo:  “Sin el dogma religioso, no hay Iniciación.”

Sabemos que exoterismo, significa una práctica externa, un conocimiento ordenado de lo meramente superficial. Pero si esto tiene un calificativo, debe suponerse que es ante algo que, a su vez, tiene otro calificativo, pues en caso contrario no precisaría de calificativo alguno. Si una cosa es de color blanco, significa que hay otras cosas que pueden ser de otro color, ya que si todas las cosas fueran blancas, no haría ninguna falta calificarlas de blancas. Así, si hablamos de un exoterismo, es que existe un esoterismo, por lo que, uno sin el otro, la Vía no tendría razón de ser. Toda norma exotérica (superficial), supone que hay una norma esotérica (interna), pues una no tendría sentido sin la otra, lo que implica que, en realidad, son complementarias. Así como toda semilla, contiene en potencia al árbol que emana de ella, todo esoterismo exterioriza un exoterismo que no es más que su reflejo, dicho en términos blíblicos: es su imagen y semejanza.

El meramente exoterista, el que únicamente cree en lo que le indican los sentidos físicos, sólo aprecia la imagen, y está plenamente convencido que todo acaba ahí. Pero el que busca la plena semejanza, no se limita sólo a lo físico, y ve que la alegría, el pensamiento, el miedo, la angustia, el amor, etc…, no siendo físicos, le afectan sobremanera a lo largo de su vida. Y ese que busca más allá de la Naturaleza física, es quien quiere entrar en los Misterios de lo físico, de lo que meramente se conoce como Naturaleza, y, apoyándose en aspecto exotérico de su Tradición Sagrada y sin acudir a sus razonamientos particulares, admite sus dogmas, los interioriza, se introduce en sus “Misterios” -a través de los ritos y símbolos que su Tradición Sagrada esotérica (la iniciática) le proporciona- y alcanza –o, al menos, intenta alcanzar- su sentido profundo, vivificando, en sí mismo, dogmas como la virginidad o la infalibidad, que, para él, han dejado de ser dogmas, para convertirse en vías hacia la identidad con auténtica semejanza a esa Causa Originaria, a la que llamamos Dios.

En nuestro caso, esa necesidad del dogma, hace que entremos en Masonería y que nos sometamos a esa Obediencia que suponen sus Ritos, su Doctrina y su Método, porque tenemos la fe (sino absoluta, sí la gran fe) de que, dejando nuestros metales fuera, es decir, anulándonos a nosotros mismos, la Masonería operará, en nosotros, extrayendo esas cualificaciones que llevamos dentro y que nuestra actitud profana mantiene ocultas; la Masonería operará ayudándonos a descubrirnos a nosotros mismos, cumpliéndose aquel dogma de fe que dice: “Quien se conoce a sí mismo, conoce a Su Señor”.

Acerca de La Piedra Bruta

La Piedra Bruta en sí es aquella que es recogida directamente de la tierra, por lo que de modo natural, cada una posee las formas más diversas fruto de la acción de las fuerzas de la Naturaleza. En general, se puede decir que una piedra bruta, al no tener una forma definida, al estar llena de impurezas e imperfecciones, no tiene un propósito definido, por lo que su utilidad es mínima. No obstante, contiene en sí toda la potencialidad de una obra de arte, la potencialidad de la trascendencia. Es por ello que se escogen determinadas piedras brutas para la construcción, por la potencialidad que se ve en ellas.
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