El Segundo Vigilante – Doctrina de Aprendizaje


¿Para qué educamos?

¿Cómo educamos?

¿Cuándo educamos?

Las tres interrogantes del Segundo Vigilante… tres interrogantes que ante el inicio de sus labores docentes han de formularse…

A ello, miles de voces se alzan ante la resultante de su gestión, siempre responsable y coordinada, en el Campo de la Filosofía de la Educación señalando metas, ideales y valores… ante la resultante de uso de un método y su cabal dominio de los recursos de la acción educativa… ante la resultante de la habilidad docente para aprovechar el instante, el momento de educar… todo aquello que ha de respaldarse con la interpretación preclara del Ritual de Iniciación de Primer Grado. Sobre todo la Orden Masónica habla de la elección de hombres para educarlos, para organizarlos y disciplinarlos; corrigiendo, cuanto es posible, los defectos de herencia; enseñando, para que sepa seleccionar y elegir los elementos útiles del ambiente que les rodea; e, indicando, el rumbo de las evoluciones que han de llevarlos a su destino… busca la purificación del hombre y por el hombre, sin intervenciones extrahumanas, mediante el estudio de la ciencia, el ejercicio de la justicia y la actividad del trabajo… señala que no es una secta ni un partido; lisa y llanamente investiga, enseña, educa, sin móviles religiosos ni políticos. Inicia su obra en los Hermanos y, por consecuencia lenta pero eficaz y profunda, la termina en la sociedad profana.

Al internarnos en la Ley Tradicional o Las Marcas, aparece el numeral que puntualiza que también es una marca el gobierno de la Masonería ordenando la Logia, presidida por un Venerable y dos Vigilantes. Esta ley o marca, tiene enorme trascendencia, y así como es factible no reconocer como tal una Logia que no tenga dicha estructura básica: variando eso si, según los diversos idiomas sus nombres, identificándoles ya como Maestro o Celadores, según el caso; mas, el número, prerrogativas y deberes de estos oficiales son idénticos en todas partes.

Otras marcas, según M. B. Grant, puntualizan que los Vigilantes de una Logia han de tener el grado de Maestro, o, que ante ausencia del Venerable hará sus veces el Primer Vigilante; en ausencia de ambos, el Segundo Vigilante. Si los tres están ausentes, ocupará la presidencia el ex Venerable más joven de los que se hallen presentes y sean miembros de la Logia legalmente convocada. Aquellas hállanse con los números 31 y 32 respectivamente.

El ejercicio de la Constitución de 1723 de Anderson, en su Capítulo IV, indica que toda preferencia entre los masones debe basarse fundamentalmente en la valía y el mérito personal, para que así estén debidamente servidos y sin suscitar vergüenza a sus hermanos ni se justifique o motive el despreciar el Arte Real, así, los Venerables y los Vigilantes han de ser elegidos no por su antigüedad, sino por sus méritos masónicos.

A lo anterior, la interpretación más justa es y debe concordar con los principios fundamentales de la Fraternidad. Asimismo, estipula que el accionar docente no sólo hállase en la participación del Maestro hacia el Aprendiz, sino en lo que ha de ser reflejo o resultante, sin mutilación ni defecto, en el aprendizaje del Arte, en el afán de servir al Señor de su Maestro, ser recibido como hermano y así siguiendo en línea ascendente pasar a Compañero; después, de servir el número de años que se acostumbra en el país, para pertenecer a una familia honrada, tener la honra de ser Vigilante, Venerable de la Logia; y, Gran Vigilante; y, al fin, Gran Maestro de todas las Logias, según su res-paldo y merecimientos masónicos.

El Segundo Vigilante, es guardián y con-servador del Orden y del Silencio en las Co-lumnas. Ha de repetir y transmitir las órdenes del Venerable Maestro, cuando proceda, y mediante un golpe de mallete, está facultado para pedir directamente la palabra al Venerable Maestro. Coopera en la administración de la Logia, controlando que los oficiales cumplan con sus deberes en forma debida; y, por el conducto del Experto o del Maestro de Ceremonias, puede llamar, al orden a los hermanos que faltaren a él debiendo hacerse obedecer.

Regulará el uso de la palabra de los hermanos, si alguno lo hace sin su permiso, le impondrá silencio con un golpe de mallete; recomendará que ha de pedirse permiso y sólo el Venerable Maestro tiene derecho a concederla. Tiene la obligación de observar la conducta masónica y profana de los Aprendices, debiendo dar cuenta al Venerable Maestro de las faltas que en éstos haya notado.

Especial relevancia, tiene en la gestión del Segundo Vigilante la docencia masónica por cuanto en ella radica la más exacta y adecuada formación del Aprendiz, que en si es el Primer escalón dentro de la acción ascendente masónica. Para ello, ha de emplear una Pedagogía científica, filosófica. Obviamente ha de emanar de la mejor pedagogía profana además de la aplicación de los principios, normas y usos de nuestra docencia masónica. Su labor docente, ha de ser, intencionada, esto es, tener claros y definidos fines tendientes todos a la cohesión de los herma-nos, sea en las órbitas que les rodean en el mundo profano como en los trabajos de las cámaras, de instrucción. Ha de ser integral en su contenido, es decir, tiene que comprender el conocimiento cabal y racional de la filosofía masónica, de la historia y de la masonería, de la legislación masónica comparada y nacional, del ritualismo y del simbolismo entre la teoría y la práctica, entre el esoterismo y el exoterismo. Ha de ser funcional, o lo que es lo mismo, aplicada al bien de la Orden y de sus organismos y al beneficio de la comunidad. Ha de mantener una didáctica activa, de tal suerte que el aprendizaje no se reduzca a la repetición formalista y rutinaria de palabras, preceptos y normas, sino que, junto con la comprensión inteligente de la teoría, sea él fuente de prácticas sabias y fructíferas. Orientará y encauzará a los hermanos, mediante la Educación Masónica, para que lleguen al logro de una capacitación, eficaz para defender a la Orden en todos los terrenos y en todos los momentos frente al ataque de sus eternos enemigos.

Su permanente e incansable búsqueda docente le permitirá lograr que la Educación Masónica que entrega a los Aprendices sea evaluable, controlada y sujeta a una revisión periódica lo que le favorecerá para lograr una permanente acción rítmica de progreso; ello, le exigirá el uso normal de planes y programas de estudio, manuales, y textos de enseñanza y los auxiliares audiovisuales, que la ciencia y la técnica modernas aconsejan como más completos y eficaces. Ha de necesitar inteligencia, carácter y abnegación para así avanzar dentro de la docencia masónica con un mayor impulso, imitable por los Aprendices.

El Segundo Vigilante, ha de ser estudioso; ha de desarrollar su espíritu y organizar su trabajo dentro de ciertas líneas que están marcadas por una larga tradición, reflejo del sacrificio personal, del esfuerzo y del amor al semejante, del amor a la justicia y a la libertad. Si estas virtudes son propias, inherentes y naturales, las  ha de desarrollar y orientar en la medida que se entregue e intensifique su esfuerzo y su trabajo dentro de las Columnas del Taller o en las Cámaras, siendo reconocida por sus semejantes para así representar por antonomasia, la di-fícil tarea de la docencia masónica y el perfeccionamiento iniciático.

Su misión bellísima es la orientación del Aprendiz y más que nada que éste logre captar y practicar la debida interpretación de que su fin u objetivo no es tratar de comunicarse con otros seres, sino alcanzar y realizarse a sí mismo en tal estado supra individual, claro está, no como individuo humano, lo que sería evidentemente absurdo, sino en cuanto el ser que se manifiesta como individuo humano en cierto estado sobre todo si lleva en él las posibilidades de todos los demás estados, vale decir, que logre mediante su gestión la realización puramente Interior: la realización de una posibilidad que el individuo lleva en sí, en estado virtual.

Desde la llegada a los Templos Masónicos, es quien nos guía en aquella tarea tan ma-ravillosa y sublime de desbastar la piedra bruta, mediante la educación y la disciplina que va a darnos el conocimiento de las ciencias; y, por la práctica de las virtudes, nos Invita a elevar nuestra vida espiritual. Busca hacer de cada Aprendiz un estudioso -debiera hacerse- un virtuoso, filantrópico y fraternal hermano; busca la liberación del Aprendiz por medio del conocimiento, da una cultura, un conocimiento, sobre algo para que, trabajando esta ciencia o este arte, pueda liberarse de la esclavitud de la ignorancia y de la pobreza de espíritu; busca la realización de la vida interna y dar cumplimiento a las necesidades materiales y espirituales; busca que cada Aprendiz levante el trabajo masónico como lábaro de perfectibilidad, así su ejemplo es una acción laboriosa y tenaz que va señalando a cada Aprendiz que es ése, el camino para llegar a ser fuerte, después de reconocernos débiles; para llegar a ser sabio, después de aplicarnos al estudio y a una diligente aplicación del saber, después de sabernos ignorantes; y, para alcanzar un glorioso destino, a costa de incesantes esfuerzos y empeñados combates para acabar con la imperfección iniciática, mirándonos liberados de prejuicios y trastrocadas las pasiones en virtudes y con la adquisición insensible de una mayor sensibilidad humana.

Su afán docente es avasallador e incontrolable para el Aprendiz; y, más aún se agudiza al inculcarle su amor por el estudio, única manera de que éste se remonte a la causa primera de cumplir sus compromisos y juramentos, para que así, refleje su amor, mediante los conocimientos logrados entre la Escuadra y el Compás, por la libertad de conciencia, para que así interprete que la unión hace la fuerza, que con el estudio va en búsqueda de la liberación y redención de la Humanidad; y, que el conocimiento y el progreso científico siempre ha de aparejarse con la moralidad, para que así constate que las enseñanzas de la doctrina masónica se reflejan y se reflejarán eternamente en el sello del Honor y de la Virtud para que el mundo profano sea una realidad de justicia y de fraternidad. Por ello Platón decía que la educación es dar al cuerpo y al alma toda belleza y perfección de que fuéremos capaces; es, la educación, la recta formación que llevaría al alma del joven a amar lo más que pueda, aquello que cuando llegue a hombre cabal lo haga, por necesidad perfecta en el género de vida que haya abrazado. Por todo ello, hoy y siempre, el Segundo Vigilante al Igual que Arquímedes, podría decir: “Dadme la educación y me dáis una palanca y un punto de apoyo para mover el mundo moral”.

El Taller Masónico cuenta con la labor enjundiosa y altamente equilibrada del Segundo Vigilante para llegar a la cristalización de la necesaria disciplina y plena educación masónica del Aprendiz, sin intereses políticos ni religiosos que irán a tener como respuesta de esa búsqueda eterna del hombre, a un hombre nuevo, a un hombre bueno y virtuoso por las prácticas de la virtud y de la bondad; un hombre nuevo, que se entrelace entre sus hermanos y al salir éste al exterior predicará con su palabra y con su ejemplo en la sociedad, sin recibir órdenes de mando o consignas; un hombre nuevo, que será producto de la actuación del Segundo Vigilante por la especulación científica filosófica, para la destrucción del profano la conformación del masón; un hombre nuevo, que mediante el estudio, la investigación y el análisis va a llegar a la posesión de la ciencia, conocimiento en
todos los órdenes de consideraciones, para destruir su propia hipocresía; un hombre nuevo, que aprenderá a no tener amigos ni enemigos, sólo hermanos; un hombre nuevo, que aprenderá y practicará el ser recto, ser derecho, ser de trato limpio, ser persona de confiar, ser de buena fe, ser honrado, con sus compromisos, ser un masón que estará más allá del adulo, de la duplicidad; un hombre nuevo, que sabrá responderse a las interrogantes: ¿Qué somos? ¿Por qué somos? ¿Para qué somos? Un hombre nuevo, que sabrá rogar por la unión de todos los hermanos, por el engrandecimiento, por la dignidad y la prestancia de nuestro Taller Simbólico; un hombre nuevo, que enlazando las manos en la fraternal cadena y con los ojos del alma mirando hacia el Oriente y hacia un infinito preñado de ideales, junto a sus semejantes, hará una formal promesa de ser cada día mejor, más digno y honesto masón.

Si analizamos el Juramento del Segundo Vigilante, puede concluirse que su cargo es de una altísima responsabilidad y trascendencia, es así como sin dejar de apreciar el significado de su joya -la Plomada o Perpendicular- que representa la rectitud de juicio que no puede ser desviada por afectos de interés ni de familia, capitalizando en todo ello una virtud -la Caridad-, es él, quien aparte de su calidad de Maestro, ha de constituir el Gobierno de la Logia, como un directo colaborador y consejero del Venerable Maestro en sus actos masónicos.

Es él la imagen simbólica de la escala gradual de ascensión a la que todo masón debe aspirar para sentirse plenamente realizado como tal y en la magnificencia de sus derechos; es él, cual velador celoso que se exige una acción mesurada, sin preferencia ni excepciones de favor en el seno de la Logia y en el mundo profano, para calificar y clasificar con ecuanimidad, justicia y rectitud a sus hermanos; es él fiel e inmensurable espejo de la fraternidad, tanto en el campo intelectual como afectivo; es él, a quien los Aprendices, fruto y producto de su esfuerzo y entrega incondicional, reflejan el ejercicio de una maestría capaz, tenaz y responsable construida al calor de los dignificadores ideales masónicos; es él, a quien un murmullo llega y llena todos los ámbitos de éste y todos los Talleres Simbólicos del mundo, diciéndole:

“Maestro, mi voz no es mi voz… mi voz es el eco de miles de voces que vienen de lejos… Maestro, escucha el murmullo sereno y fraterno de un árbol de hombres nacido y crecido en el tiempo…”

“Maestro… y todas esas ramas y todos esos frutos maduran en torno a la raíz de tu verbo…”

“Maestro, por toda esta tierra que nace en las aulas… por toda esta Patria que mira hacia el cielo, viaja tu palabra, regresa tu palabra, regresa tu ejemplo…”

“Maestro… mi voz no es mi voz… mi voz es el eco de miles de voces, que vienen de lejos, trayendo el pregón grandioso y eterno que dice en dos palabras: ¡GRACIAS, MAESTRO!

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Acerca de La Piedra Bruta

La Piedra Bruta en sí es aquella que es recogida directamente de la tierra, por lo que de modo natural, cada una posee las formas más diversas fruto de la acción de las fuerzas de la Naturaleza. En general, se puede decir que una piedra bruta, al no tener una forma definida, al estar llena de impurezas e imperfecciones, no tiene un propósito definido, por lo que su utilidad es mínima. No obstante, contiene en sí toda la potencialidad de una obra de arte, la potencialidad de la trascendencia. Es por ello que se escogen determinadas piedras brutas para la construcción, por la potencialidad que se ve en ellas.
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