Francisco de Miranda


El padre de la masonería latinoamericana, es sin lugar a dudas el Precursor Francisco de Miranda. Inspiró la fundación de la benemérita Logia “Lautaro”, que funcionaba en Cádiz, España, donde se iniciaron Simón Bolívar, José de San Martín, Bernardo O’Higgins y muchos de los más notables próceres de la independencia sudamericana. Inquieto, rebelde, con extraordinaria cultura, sembró las semillas de la masonería en todos los países donde le tocó vivir.

Varios historiadores masónicos norteamericanos y franceses, aportan valiosa información sobre la actividad masónica del caraqueño Francisco de Miranda, de quien aseguran que se inició en 1783, en una logia de Filadelfia, muy frecuentada por el famoso general francés Mario José Lafayette.

No hay datos sobre el día y el mes. Por las contingencias derivadas de la guerra, al parecer se perdieron los archivos de la Logia donde Miranda recibió la luz masónica. De lo que se sabe es que Lafayette fue su padrino de iniciación. Existen muchas referencias sobre la asistencia de Miranda a logias de Nueva York y de sus tertulias con George Washington en locales masónicos.

Por esa vaguedad en la fecha de iniciación de Miranda, en Filadelfia, algunos historiadores demasiado ortodoxos, han puesto en duda la iniciación del Precursor en los Estados Unidos. No faltan quienes inclusive la rechazan de plano.

Sin embargo, investigaciones posteriores a la publicación de los dos volúmenes de Américo Carniccelli, arrojan bastantes evidencias sobre los contactos de Miranda con Lafayette, que culminaron en su iniciación en una logia de Filadelfia, en 1783.

Otros investigadores aseguran que Miranda se inició en la masonería en París, Francia, en 1797, meses antes de su regreso a Londres. Pero esas teorías se desmoronan solas con las referencias publicadas por diarios ingleses en 1785, donde hablan de las reuniones masónicas de Miranda con intelectuales y personajes de la nobleza.

Al citar esas evidencias, un historiador británico, llegó a la conclusión de que Miranda se inició en Filadelfia, Estados Unidos, en 1783; recibió el grado de compañero en Londres, en 1785; y el grado de Maestro, en París, en 1797. Esa cronología parece la más ajustada a la verdad, ya que guarda relación con el periplo del Precursor por esos países.

La logia “Gran Reunión Americana”, fundó Miranda en Londres a fines de 1798. Esa Logia cuestionada por algunos historiadores masones, porque se salía de los rituales, para dar preponderancia a los ideales de la causa republicana, es el principal soporte de los argumentos de quienes ponen en duda la “identidad masónica de Miranda.

La logia “Gran Reunión Americana”, tenía mucho de masónico y algo de profano. Miranda otorgaba grados de Maestros a los que destacaban por sus dotes intelectuales y por su amor a la libertad y la causa de la independencia americana. Les tomaba un juramento especial, que siempre terminaba con “el repudio a todos los tiranos y las tiranías”.

Los trabajos en la “Gran Reunión Americana”, no versaban tanto sobre simbología o el catecismo masónico, como sobre las ideas de la Revolución Francesa y la necesidad de libertar a las colonias españolas en América.

Eso critican los ortodoxos a Miranda. Afirman que se olvidaba de los rituales, para hacer foros sobre la importancia del sistema republicano y la reforma de las estructuras sociales en las colonias que deseaba libertar.

Lo que no dicen los críticos de Miranda, es que todos los próceres de la independencia americana, daban prioridad en las logias, a discusiones sobre táctica y estrategia de la lucha que libraban, porque de ello dependía en gran parte del destino de los países donde actuaban.

El Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, según refiere en un libro el historiador masón boliviano, Ángel Salas, en la Logia de Chuquisaca que visitaba, discutía sus planes de gobierno. Por ese motivo, que se sepa, nadie nunca puso en duda la identidad masónica del extraordinario cumanés.

Infortunadamente con Miranda, le siguen saliendo detractores hasta después de su muerte. Parecería que no le perdonan el hecho de que fue hijo de un canario humilde y que nunca se emparentó con la nobleza, a pesar de su enorme cultura y de sus méritos militares ganados en campos de batalla.

El nombre del único latinoamericano, grabado en el Arco del Triunfo, en París, es el de Francisco de Miranda, como reconocimiento de Francia por los valiosos servicios que prestó como militar para preservar su libertad y Soberanía.

Miranda, fue el autor intelectual de la fundación de la Logia “Lautaro”, en Cádiz, España, en 1880. Desde Londres, donde residía, ya que su cabeza fue puesta a precio por la Corona de España, sugirió para la histórica logia, el nombre de “Lautaro”, en homenaje al caudillo araucano que venció al conquistador Valdivia en Tucapel, en 1554.

Solamente un masón, como Miranda, habría podido inspirar la fundación de la logia “Lautaro”, que fue clave para el proceso de la independencia suramericana, ya que en ella se iniciaron masones, muchos de los más destacados próceres, como Bolívar y San Martín.

LA VIDA DEL HEROE

Francisco de Miranda y Rodríguez, nació en Caracas el 28 de marzo de 1750. Era el primogénito del canario Sebastián Miranda y Robelo y de la criolla Francisca Antonia Rodríguez y Espinoza.

Desde muy niño recibió esmerada educación. Estuvo en la Academia de Santa Rosa y después en la Universidad. En 1771 viajó a España para completar sus estudios. Ingresó al ejército, donde obtuvo el grado de Capitán del Regimiento de Infantería de la Princesa. Sirvió en el norte de África, demostrando talento militar y extraordinario valor en la guerra contra los moros.

Estudioso y con facilidad para aprender idiomas, no tardó en hablar fluidamente inglés, francés y alemán. Después de algunas incidencias, en 1780 fue enviado a la guarnición de Cuba, como ayudante del coronel Cajigal. Destacó rápidamente por su excelente preparación militar y su afición a la lectura. Pero las intrigas y la envidia política le hicieron caer en desgracia. Lo acusaron por su actuación en Jamaica, donde dicen que pronunció discursos para incitar a la libertad de las colonias españolas.

Cargado de grillos, en 1782, fue enviado a la cárcel de La Habana. Pero su amigo el coronel Cajigal, no tardó en conseguir su liberación. De Cuba Miranda viajó a los Estados Unidos, donde gracias a su conocimiento del inglés y de sus ideas republicanas, hizo amistad con los generales Mario José Lafayette y George Washington, enrolándose después en el ejército americano para la guerra contra los ingleses.

Al quedar reconocida la independencia y soberanía de los Estados Unidos por el Imperio Británico, en virtud del Tratado firmado en 1783, Miranda poco después de haberse iniciado masónicamente en una logia de Filadelfia, preparó maletas para trasladarse a Europa.

En 1785, la presencia de Miranda en Londres fue resaltada por la prensa británica. Se lo presentó como infatigable campeón de la libertad. Su nombre adquirió prestigio. Frecuentaba los salones de la realeza y se codeaba con los más brillantes intelectuales.

Con ansias de glorias y deseoso de acumular experiencia y conocimientos, visitó Holanda, Alemania, Italia, Grecia, Francia, Dinamarca y Polonia. En 17871 Ilegó a San Petersburgo, la fastuosa ciudad de la nobleza rusa. Allí fue presentado a su Majestad Imperial, Catalina II.

El porte gallardo y los modales refinados del militar venezolano, llamaron la atención de la poderosa Catalina, quien se enamoró de él, llenándolo de halagos y condecoraciones.

Miranda vistió el uniforme de oficial del ejército zarista, disfrutó del esplendor de la corte y recibió el grado de Coronel del Ejército de Coraceros de San Petersburgo. Pero ávido de nuevas aventuras y con el deseo de organizar la lucha por la independencia de Venezuela, volvió a Londres en 1890. Sus gestiones para conseguir la ayuda de la Corona Británica, fueron infructuosas. El gobierno inglés debido al Tratado firmado en el Escorial, evitaba a toda costa la posibilidad de un conflicto con España.

En 1892, Miranda viajó a Francia. Visitó a su amigo Petión, quien era Alcalde de Paris. Peleó en las filas del ejército de la revolución, donde obtuvo el grado de Mariscal de Campo. En la campaña contra Alemania sacó a relucir su gran pericia militar, consiguiendo para Francia sensacionales victorias. Pero los celos del general Charles Dumouriez, lo hicieron caer de nuevo en desgracia. Se salvó de la guillotina, gracias a su fuerza oratoria y a la lealtad de algunos amigos.

En 1798, regresó a Londres, donde fundó la logia la “Gran Reunión Americana”, Febrilmente trabajó para preparar la expedición libertadora de Venezuela. Dicen que sus ideas republicanas y parte de sus planes para la independencia de Venezuela y América Latina, las tomó de unos escritos del jesuita peruano Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, quien antes de morir en Londres, dejó valiosa documentación en manos del Embajador de los Estados Unidos, el cual era amigo de Miranda.

Miranda quedó fascinado con los escritos de Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, a los cuales los hizo publicar en Londres, advirtiendo que mucho de lo que pensaba realizar estaba inspirado en los trabajos del jesuita peruano.

En 1805, Miranda viajó a los Estados Unidos, en busca de ayuda para su expedición militar de 1806, que culminó con su desembarco en la playa de la Vela de Coro, donde hizo ondear por primera vez a la bandera venezolana.

De regreso a Londres, siguió trabajando para conseguir la independencia de Venezuela. El 19 de julio de 1810, conoció a Simón Bolívar, con quien tuvo largas tertulias en la logia “Gran Reunión Americana”. Invitado por el joven caraqueño para trasladarse a Venezuela, el 10 de octubre de ese año enrumbó hacia La Guaira a bordo del barco “Avón”.

Cuando el 5 de julio de 1811 se firmó en Caracas el Acta de la Independencia, Miranda fue uno de los patriotas que estamparon su firma para sellar el nuevo destino de Venezuela.

Pero los realistas no tardaron en lanzarse al contraataque. Comenzó la guerra a muerte. El ejército español al mando del brigadier Juan Manuel Cajigal y del Capitán de Fragata Domingo Monteverde, se consolidaron en Barquisimeto, Valencia y San Carlos, avanzando peligrosamente hacia Caracas. Cercaron a Bolívar en Puerto Cabello y obligaron a Miranda a la capitulación el 25 de julio de 1812. Para salvar a Caracas de un baño de sangre, Miranda tuvo que acceder a las exigencias de Monteverde, según refirió después Pedro Gual.

Pero las familias mantuanas que nunca habrían simpatizado con Miranda, a quien calificaban de peligroso jacobino, complotaron contra él. Convencieron a Bolívar y a las oficiales jóvenes de que era un traidor. En vísperas de su regreso a Londres, fue apresado en La Guaira y entregado a las fuerzas de Monteverde.

Cargado de grillos, el padre de la masonería latinoamericana, fue encerrado en varias cárceles. Primero lo llevaron al Castillo de Puerto Cabello, luego a Puerto Rico y finalmente, a la Fortaleza de las Cuatro Torres del Arsenal de la Carraca, en Cádiz, España. Murió el 14 de julio de 1818. Sus restos se perdieron en un osario común. Pero su nombre pasó a la inmortalidad, como el Precursor de la Independencia y el Padre de la Masonería Latinoamericana.

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Acerca de La Piedra Bruta

La Piedra Bruta en sí es aquella que es recogida directamente de la tierra, por lo que de modo natural, cada una posee las formas más diversas fruto de la acción de las fuerzas de la Naturaleza. En general, se puede decir que una piedra bruta, al no tener una forma definida, al estar llena de impurezas e imperfecciones, no tiene un propósito definido, por lo que su utilidad es mínima. No obstante, contiene en sí toda la potencialidad de una obra de arte, la potencialidad de la trascendencia. Es por ello que se escogen determinadas piedras brutas para la construcción, por la potencialidad que se ve en ellas.
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